domingo, 27 de septiembre de 2009

UNA NOCHE EN GUERRA

Una noche en guerra
Una noche de agosto, algo temeroso por la guerra mediática que agita a la Gran Colombia o al menos a lo que quedo de ella. Los antiguos departamentos de Cundinamarca, Venezuela y Quito hoy separados y con un nombre distinto tiene temblando las piernas de los hermanos que en casos masivos han llegado a manifestar un odio Xenófobo en busca de la defensa de la soberanía nacional.
Mi preocupación era evidente y el tema ni un segundo salía de mi cabeza mientras el mas a chapado de los hermanos visitaba países suramericanos para explicar sus acciones, los otros dos aliados que lo rodean sólo luchan por defender su imagen y tratar de sostener las amenazas que de forma disparatada cual ráfagas de fuego sueltan sin pensar. Tomo un vaso con agua para que me pase la amargura que el sinsabor del frío conflicto deja en mi garganta y vuelvo a ocuparme de lo que me tenía soñando despierto, en La Gran Colombia hay tres hermanos a los que solo los diferencia el acento y el tono de sus bronceados, y aún cuando todos dominan con terror a sus gobernados estos tres se empeñan en difundirle a su pueblo la alegría y el júbilo por la patría defendida, para tener el poder de llamar a los otros terroristas o lacayos de imperio como en ambos casos.
Pasando canales dejo inmóvil el control del televisor a las 7 de la noche y cuando la programación informativa de la antigua Cundinamarca empieza su labor, siento como la televisión me muestra a dos de los más bocones como mis enemigos, ahora lo que creo se enfrenta con lo que pienso; recuerdo como la imagen de un cuerpo mutilado que alguna vez pudo aterrorizar al mundo un día alumbro con una sonrisa la cara de los que viven en el hermano de los dos mares, era la muerte de un “enemigo del estado” en territorio ajeno lo que le daba al pueblo un aparente sentimiento de frescura, la acción en pro de defender a la patria solitaria desataría entre los hermanos el conflicto que con sabores de amenazas de guerra esa noche de agosto me volvió un maniático.
Más de un año después el tema no se ha olvidado y con el tiempo se reproducen como conejos las causas que empeoran el conflicto, como diría Marx en su manifiesto comunista la lucha de los dos bandos se ha vuelto el único motor de la historia, palabras van palabras vienes y los únicos afectados paradójicamente resultan ser quienes no han podido soltar ni una de estas. “la guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen, pero que no se masacran”(PAUL VALERY)
Los sonidos titubeantes de la caja video sonora finalmente tumbaron mi cabeza el cansancio mezclado con el frío y el silencio de la noche me dejaron dormido y entre sueños pase de criticar esta guerra fría suramericana a vivirla y ya no tan fría. El servicio de reclutamiento llego a mi casa eran soldados sin rostro que tocaban las puertas de todos los vecinos para secuestrar en sus camiones a todos lo hombres menores de 60 años. Los lideres de 3 de naciones del norte del sur habían declarado una guerra que resultaba de interés para diferentes colosos mundiales quienes no dudaron en tomar parte. Me llevaron a un terreno de contextura dudosa donde los hijos de la vieja Cundinamarca nos encontraríamos además de rodeados en desventaja, en cuestión de segundos revivía la canción del elegido de Silvio Rodríguez y en sueños vi como “iba matando canallas con mi cañón del futuro”. Los cuerpos caían a mis pies y la defensa de la soberanía nacional le entregaba a la madre tierra interminables saldos de sangre y restos humanos que como resultado fatal harían de este un territorio más fértil.
Los horrores de la guerra ejercían sobre quienes luchaban a mi lado su desesperante efecto psicológico, la paranoia nos invadió y cual bárbaros una baja “enemiga” nos resultaba una razón de alegría. La guerra parecía incesante y de hecho el sueño quedo inconcluso, las muertes de ambos bandos rodeaban la selva con un ambiente indescifrable. En el pueblo las mujeres sufrían y el hambre era inminente, el terror de no volver a ver a quienes mas querían las hacía seres de una naturaleza casi que alienígena. A quienes alguna vez despierto vi deseando hacer valer de cualquier forma el tricolor nacional que era el mismo que el de los hermanos, hoy los veía cansados, locos y horrorizados. Es que en tiempos de paz a algún demente se le ocurre la guerra y se toma la fácil tarea de contagiarla con patriotismo, pero cuando la guerra llega con sus horrores el demente muere junto con sus intereses y todos desean la paz entonces esta se les hace inalcanzable.
Sudoroso y sintiéndome afortunado desperté de la pesadilla, no alcancé a ver mas victoriosos que los que vendieron las armas a los ignorantes, era un pueblo matándose a si mismo por un conflicto que al fin la mayoría olvido por que empezó, el sentimiento de horror que soñando tuve en el campo de batalla no se había ido, pues cuando abrí los ojos el televisor, el periódico los comentarios de la gente y mi propio criterio me muestran esta guerra tan real como imaginada, el cataclismo de Damocles asoma de nuevo su poder sobre tierras suramericanas libertadas una y otra vez, y las acciones de los hermanos que ya no actúan como hermanos parecen no ofrecer ninguna solución.

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